"Robarle la identidad a los milicos"

Entrevista a Víctor Basterra,
fotografo, miembro del Consejo Directivo del IEM.
Por Mariano Ugarte

Víctor Basterra es sobreviviente del horror de la última dictadura militar. Estuvo ecuestrado en la ESMA desde agosto de 1979 hasta el retorno a la democracia. Como trabajador gráfico y fotógrafo, sobrevivió en el centro clandestino en el área “Documentación” donde, entre otras cosas, sacaba fotos carnet para la confección de documentación falsa del grupo de tareas de la ESMA y sus aliados. “La mirada está alimentada por la memoria, ambas se reconstruyen mutuamente”, dice este fotógrafo, hace cuatro años retirado, que tomó imágenes de militares torturadores puertas adentro de la ESMA. Logró sacar de la oscuridad esos rostros, “robarle la identidad a los milicos” dirá Basterra, y esas fotos hoy sirven como pruebas del horror. Primero las presentó ante la CONADEP, en mayo de 1984. Luego en el CELS, hacia fines de julio del mismo año. Posteriormente, se presentaron en el Juicio a las Juntas, en donde se publicó este material recopilado en silencio ante la mirada ciega de los militares. Desde entonces lleva bajo el brazo una carpeta con las fotos como una ayuda-memoria permanente.

¿Por qué lleva las fotos consigo?

Siempre aparece la posibilidad de mostrarlas, pero no como un trofeo. A los lugares donde voy siempre se necesitan. Ver las fotos es preguntarnos qué nos pasó en la vida, son un pedacito de nuestra historia. Algo que tenían escondidos los milicos era su identidad, cuando te torturaban te ponían una capucha para que no los vieras, era como estar ciego. De alguna forma las fotos muestran todo eso, sacarlas de allí adentro fue robarle la identidad a esos tipos, es una pequeña venganza después de lo horrible.

¿A treinta años del golpe cobran otro sentido esas imágenes?

El rescate de lo sucedido no es sólo un rescate positivo sino descarnado y a veces hasta cruel con uno mismo. Uno recordando, en ese ejercicio de la memoria, sufre dolores muy fuertes. En mi caso, llevo más de veinte años tratando de sacar de la oscuridad, de las distintas formas de la mentira, una serie de hechos que golpearon al conjunto de la sociedad y lo siguen golpeando treinta años después.

¿Y estos golpes qué marcas imborrables dejaron en la sociedad?

Muchas, recién ahora después de treinta años comenzó a atarse el hilo de la historia. Algo que consiguieron los milicos fue cortar el hilo histórico. Pensemos que del ’76 para atrás no se conoce mucho, algunos hechos como el Cordobazo, etc. Esa falta de información es algo que hicieron los milicos. En los años ’70 se estableció que eran los años de plomo, los luchadores sociales éramos los subversivos. Nosotros pensábamos subvertir el orden pero quienes subvirtieron realmente el orden y los mecanismos institucionales fueron los milicos que erradicaron la participación partidaria, sindical, estudiantil. La democracia participativa no existió más. Eso produjo una profunda
degradación moral.

¿Cree que esto se debe en parte a la falta de referentes morales?

Posiblemente, pero los referentes morales siempre pueden aparecer. Si leés un libro, por ejemplo, podés encontrar al Quijote. El problema es que el pueblo argentino fue obligado a encerrarse en sí mismo y a quedarse con sus miserias y no a ejercitar la solidaridad. Esto se comienza a recuperar a partir de 2001 con los nuevos emergentes sociales. Uno siempre está resistiendo. Somos un país que está constantemente en proceso de construcción, está todo por hacerse. Quienes se oponen a las construcciones de los pueblos se encuentran con una resistencia. Es una resistencia contra los poderosos.

¿Con sus fotos se reconstruye el delgado hilo de la historia del que hablaba antes?

Y uno lo intenta. Es el aporte que uno puede dar. Yo hablo siempre de una construcción paciente. Conozco la potencialidad que tiene este país. Existe la posibilidad de reconstruirnos mínimamente y a partir de ahí ir hacia un destino de grandeza. Volver a atar el hilo histórico es cuestión de tiempo, pero es importante que cada vez más manos aten ese hilo de la historia.

¿Y en esa reconstrucción cómo aparece la memoria?

La memoria es un ejercicio automático. Pero hay otra memoria en un escalón superior, donde uno tiene que pelear permanentemente con recuerdos dolorosos y donde está involucrada gente cercana, compañeros que no están más. Y alrededor de ese recuerdo está la memoria de su familia y de sus hijos. Entran muchas memorias, no es una memoria individual y automática. Yo lo tomé como una obligación, dolorosa muchas veces.

¿Sacar esas fotografías fue una obligación?

Yo lo tomé así, tuve el mandato de compañeros que me dijeron “si zafás de ésta que no se la lleven de arriba”. Los trabajos fotográficos son una ayuda-memoria vital porque la memoria es muy débil.

Una forma de sacar a la luz la verdad...

Correr el velo, sacar a la luz lo que calla la historia oficial. Durante tantos años a nuestro pueblo le mintieron asquerosamente. Yo tuve la desgracia y la suerte para la memoria de sacar de la ESMA las últimas fotos de compañeros después de una tortura. Para mí las imágenes son una búsqueda de la verdad, que políticamente se traduce en la exigencia de que digan dónde están y qué hicieron con los compañeros y quiénes son los responsables y ejecutores de las desapariciones.

¿Cómo hizo para sacar las fotos de la ESMA?

Con un fuerte componente de inconciencia. Por ejemplo, un día mudan el sector de inteligencia a una de las habitaciones del sector 4, en el sótano de la Casa de Oficiales de la ESMA. En ese sótano funcionaban las salas de tortura y algunas cuestiones técnicas: laboratorio, imprenta y comunicaciones. Un día veo que dejaban la llave en un huequito sobre una pared. Una noche de tormenta me “afané” las llaves, fui y saqué fotos adentro de Inteligencia, después devuelví las llaves y escuché el ruido de una puerta y dije “ahora soy boleta”. Pero había sido una puerta que golpeó por la tormenta...así pude sacar ese material riquísimo.

¿Qué es para usted fotografiar?

Fue una tarea riesgosa para mí. No solamente era disparar la foto, sino la idea de que esa foto que le sacaba al represor tenía que ir a algún lugar. Saqué más de cien y fueron más de cien momentos de riesgo. Por otro lado sacar fotos me sirvió para vivir, ser un elemento más de la memoria, no mucho más.

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