
Por Adolfo Pérez Esquivel,
Premio Nóbel de la Paz,
miembro del Consejo Directivo del IEM
en representación del Servicio Paz y Justicia.
(Extracto del discurso pronunciado por Adolfo Pérez Esquivel,
el 12 de julio de 2006 en el Acto de Lanzamiento del IEM).
Los pueblos tienen su memoria colectiva que se fue tejiendo en la urdimbre de los tiempos, entre luces y sombras, angustias y esperanzas, en sus reclamos y derechos a la libertad, a la Verdad, a la Justicia. Los pueblos que olvidan y no quieren mirar su camino, son pueblos llamados a desaparecer.
Siempre señalo que la memoria no es para quedarnos en el pasado, nos debe iluminar el presente porque es a través del presente donde podemos generar y construir nuevas condiciones de vida. El futuro es el resultado del presente, de la capacidad y coraje que tengamos de construirlo. Los campesinos saben que lo que siembran recogen, no hay otro camino.
Estamos aquí para presentar el esfuerzo de años de luchas y resistencias por la Vida, la vigencia de los Derechos Humanos y el reclamo de Verdad y Justicia, para decirle NO a la impunidad. Sobre la impunidad no es posible construir una democracia.
El Instituto Espacio para la Memoria nace con el objetivo de promover la profundización del sistema democrático, de los Derechos Humanos y los valores de la vida y dignidad de la persona humana y del pueblo. Es el fruto de organizaciones de Derechos Humanos, de la voluntad política y social del Poder Ejecutivo y Legislativo del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de personalidades comprometidas con los Derechos Humanos.
Fue constituido por Ley 961 en donde se definen sus funciones y nos compromete a los miembros fundadores y Primer Consejo Directivo a sentar los principios básicos que lo sustentan. A este compromiso debemos profundizarlo y llevarlo adelante.
Hemos vivido una época del terror implantado en la Argentina el 24 de marzo de 1976, una dictadura militar que fue parte de la estrategia continental a través de la Doctrina de Seguridad Nacional, el Operativo Cóndor, la internacional del terror, con miles de muertos, desaparecidos, niños secuestrados y desaparecidos, la destrucción de la capacidad productiva del país, y la inmoral e injusta deuda externa que se ha transformado en la deuda eterna, que se continúa pagando hasta hoy con el hambre y sufrimiento de nuestro pueblo.
Hacer memoria es profundizar en los por qué. ¿Por qué pasó lo que pasó en el país? ¿Por qué se implantó el terror, quiénes fueron los responsables? Evidentemente,no fueron únicamente los militares quienes llevaron a cabo las políticas de despojo del pueblo, sino también hubo complicidades de sectores religiosos, empresarios, médicos y medios de comunicación.
Todos y todas quienes estamos aquí conocemos y sentimos en carne propia, en nuestra vida, las marcas del horror, pero también de la resistencia, de la defensa de la Vida y dignidad de nuestro pueblo. Muchos somos sobrevivientes del horror y tenemos claro que debemos continuar la resistencia y las luchas sociales para construir una sociedad más justa, humana y fraterna, donde la democracia sea realmente el derecho e igualdad para todos.
La pobreza, la exclusión social, la extranjerización de las tierras por las ventas indiscriminadas que están realizando en el país, con total impunidad, es parte del modelo que dejó la dictadura militar. Y eso, lamentablemente, no ha cambiado. Sigue el despojo de los recursos de nuestro pueblo y el modelo neo-liberal impuesto. Debemos reconocer también que gracias a la resistencia del pueblo, de los organismos de derechos humanos, y de la voluntad política del gobierno actual, que hizo lo que otros gobiernos no quisieron hacer, se logró la nulidad de las leyes de impunidad, Punto Final y Obediencia Debida.
Quiero retomar aquí lo expresado en el documento fundacional del Instituto Espacio para la Memoria: “Afirmamos que toda construcción de la Memoria Colectiva es un acto político, un proceso de creación y recreación permanente del pasado en función de los interrogantes y desafíos que plantea el presente. Sobre esta base, en tanto espacio de permanente debate público, el Instituto impedirá el riesgo de memorias totalizadoras y discursos únicos, que pretendan liberar a la sociedad de la obligación de recordar”.
En este marco del espíritu de la ley, se trata de, y lo reitero, “promover la profundización del sistema democrático, la consolidación de los Derechos Humanos y la prevalencia de los valores de la Vida, la Libertad y la dignidad humana”. Esto es, la decisión de construir nuevos caminos y que no vuelvan Nunca Más el terror, los miedos, la indiferencia y el olvido.
Paz y Bien.