
Entrevista a Lita Stantic,
cineasta, miembro del Consejo Directivo del IEM.
por Mariano Ugarte
Las paredes de Lita Stantic Producciones lucen los afiches de las películas que la convirtieron en una de las productoras más prestigiosas de la industria cinematográfica nacional. Las imágenes de “Un oso rojo”, “La ciénaga” y las más lejanas en el tiempo “Camila” y “Yo, la peor de todas” se distribuyen por toda la moderna estructura de cemento y vidrio de las oficinas, trazando una especie de resumen desordenado pero fiel de una vida dedicada al cine. Una trayectoria que se inició allá por los comienzos de la década de los ‘70 con el activismo en el grupo Cine-Liberación, cuando el cine parecía poder cambiar el mundo, hasta que viró hacia la desaparición y la muerte. “Un muro de silencio”, es la única película que dirigió, que fue, según ella, su modo de “saldar cuentas con un pasado que la había marcado profundamente”.
Una de las actividades que desarrolló el Instituto Espacio para la Memoria fue la proyección de su película “Un muro de silencio”¿Qué la motivó para realizarla?
Surgió unos cuantos años antes que la dirigiera, fue en el ‘86 cuando pensé que de alguna manera tenía, más que dirigir, producir una película y escribir un guión. Al principio la idea fue hablar un poco de esos años, del principio de los años ‘70, cuando hubo una cantidad muy grande de jóvenes que estuvieron dispuestos a dar su vida para cambiar el país, para hacer un país más justo. Pero luego surgió la historia que cuento en la película. Habla fundamentalmente de la necesidad y a su vez la imposibilidad del olvido y de cómo la memoria se hace siempre presente, aunque uno diga: “Voy a dejar esto atrás”.
El momento en que realizó la película no fue la más favorable en cuanto a proponer una mirada hacia el pasado.
La película se filmó en el ‘92 y se estrenó en el ‘93. Fueron épocas muy duras para todo aquel que quería justicia. Era la época del 1 a 1, que parecía que el país estaba floreciendo otra vez. Una época horrible que terminó en la crisis de fines de esa década. El de la dictadura fue un plan que buscó eliminar a todos aquellos que se oponían a un modelo económico y ese modelo económico triunfó después, principalmente con el menemismo… por eso los indultó.
Se puede advertir un tono pesimista en la película pero a la vez tiene esperanza en la actitud de los jóvenes por saber realmente lo que pasó.
En ese momento todavía no estaba constituido H.I.J.O.S., sin embargo yo sabía que había algunos chicos que querían unirse. Creo que de alguna forma fue muy fuerte lo de H.I.J.O.S., y de alguna manera una de las cosas que me enorgullece de la película es que termina en un plano de la cara de la nena, de la adolescente, es como una premonición de la fuerza que después iba a tener el reclamo de los jóvenes.
¿Considera que la actitud de negación de ese pasado por parte de la sociedad se debe a la ruptura de los lazos de solidaridad que impuso la dictadura?
En nuestra sociedad hay algo de lo que en Estados Unidos llaman la “mayoría silenciosa”, son los que en el momento en que se secuestraba decían: “por algo será”. Esta sociedad va fluctuando, en este momento evidentemente acompaña más, pero creo que aún necesitamos bastantes años para que nos acompañe la mayoría en este reclamo.
¿Cuál cree que fue la responsabilidad de los organismos de Derechos Humanos en lograr este cambio de actitud de la sociedad?
Yo creo que pasó algo bueno en el siglo pasado y es el hecho de que hubo gente con la valentía, aún en la época de la dictadura, de reclamar justicia. Todo eso que se resume en la ronda de las Madres, que fundamentalmente eran Madres y Abuelas pero también gente de organismos defensores de los derechos humanos, creo que es lo más noble, lo más esperanzador que tenemos como sociedad. Estos ejemplos son los que le permiten a uno creer que esta sociedad puede ser distinta, que puede ser más justa. Me gustaría que el reclamo por los desaparecidos incluyera a los desposeídos, porque son los desaparecidos de hoy.
Desde su vinculación en ese momento con el grupo Cine-Liberación, que pensaba al cine como un instrumento para hacer la revolución, ¿qué función le parece que puede cumplir el cine en este nuevo contexto histórico?
El cine me marcó mucho en la vida. Hay películas que realmente me cambiaron la cabeza. El cine era mucho más directamente político, diría hasta más panfletario. Hoy sigue siendo un elemento fantástico para reflexionar, y con respecto al pasado falta todavía hacer mucho cine para entender lo que pasó. Todavía no se ha hecho una película sobre la responsabilidad civil, sobre las grandes empresas que estuvieron comprometidas con la dictadura y que hable de los políticos que estuvieron
comprometidos con la dictadura.
Ud. hablaba de no volver a cometer los mismos errores del pasado. ¿Cree que la desaparición de Julio López constituya un síntoma de que ese pasado puede repetirse?
Evidentemente lo de Julio López fue algo brutal. No creo que las cosas se puedan repetir de la misma manera, pero hay grupos que están dando señales de que no quieren ser juzgados. Hay que tratar de demostrarles que no les tenemos miedo y de brindar más protección a los testigos. Es complicado desmantelar todo el aparato represivo y también a veces no hay voluntad de hacerlo. Tenemos el orgullo de ver que hubo gente que realmente se la jugó desde el primer momento y que sigue peleando después de 30 años. Creo que es la única manera de sobrevivir, de alguna manera mi película habla de eso. Si uno deja atrás el pasado, el pasado vuelve de mala manera, es mejor asumirlo y seguir en la búsqueda de justicia.